Helena Aguiar ha venido desde Sao Paolo, Brasil, para ver a su grupo favorito en un asiento de primera fila: una silla negra plegable de metal con un logotipo de Bon Jovi dorado y rojo cereza en el cojín, que se puede llevar a casa. El precio: unos 1.440 Euros.
Ha sido una experiencia increíble, incluso más de lo que había soñado”, decía Aguiar, de 25 años, después del espectáculo en el estadio de Sheypark, mientras recogía su silla y se la llevaba al aparcamiento.
Ahora los precios VIP (persona muy importante) son una partida más en los libros de contabilidad del rock’n'roll. Este verano, los seguidores de Justin Bieber pueden pagar unos 290 euros para asistir a una prueba de sonido previa al espectáculo. Por 660 euros Christina Aguilera posará para una fotografia y por 740, los seguidores de los Eagles tienen derecho a una cena, pero sin opción a foto. Muchos de los paquetes también incluyen una gran cantidad de productos de mercadotecnia gratuitos.
En los tres conciertos que dió Bon Jovi hace poco en el estadio del New Meadowlands en East Rutherford, New Jersey, para los que se agotaron las entradas, el precio del paquete más caro -que incluía la silla para llevar, un bolso de piel y una comida- era de 1.550 euros.
Los paquetes VIP, que antes eran exclusivos de los grupos como U2 o los Rolling Stones, ahora se pueden adquirir también para las actuaciones en directo de grupos de menor nivel. “Es probablemente la negociación más importante en cualquier contrato de gira”, afirma Randy Phillips, el consejero delegado de AEG Live, la promotora de la gira de Bon Jovi. “En un concierto muy concurrido, un 10% del público te puede hacer ganar tanto dinero como el 90% restante”.
Los artistas y sus representantes dicen que los planes VIP les permiten complacer a sus mayores seguidores al recompensar su fidelidad con un trato especial. Laurie Huey, una contable de New Jersey de 44 años, ha comprado 6 paquetes VIP distintos para la actual gira de Bon Jovi por unos 7.000 euros. Ya tiene 5 sillas de Bon Jovi.
“Tengo dinero”, dice Jim Leaman, de 55 años que posee una empresa de gas propano. “Por eso, si voy a un espectáculo, quiero estar en primera fila y no me importa si cuesta 100 euros o 1.000″. Pero hay consumidores que discrepan.
“Los artistas no hacen más que sacarles los cuartos a sus seguidores más fanáticos”, señala Terrell Lowe, de 49 años, un ferviente aficionado a los conciertos de San Francisco. “La mayoría de la gente no se lo puede permitir”.
Los promotores aseguran que el alto precio de las entradas les proporciona dos ventajas concretas. Una es que los elevados precios de los asientos en primera fila pueden de hecho financiar unos asientos más baratos en otra ubicación, y así los fans disponen de más dinero en sus bolsillos para comprar extras como comida y camisetas.
Asimismo, como las entradas VIP no se suelen incluir en los anuncios, los artistas pueden obtener unos enormes beneficios ya que evitan que se les tache de vender entradas caras. Por ejemplo, en las notas de prensa para los conciertos de Bon Jovi, el precio más elevado es de unos 125 euros.
A muchos de los integrantes del sector de los conciertos les preocupa que los precios elevados y la manifiesta segregación de las masas entre pudientes y no tan pudientes, se puedan volver contra ellos. “No son solo consumidores”, indica Dan Berkowitz. “Son seguidores que tienen un apego emocional por el artista, por lo que si un artista dice: Solo te puedes acercar a mi si tienes 1.400 euros, van a perder gente”.
















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