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Desobediencia.

 

En un magnífico artículo en Diario.es, Antonio Baños venía a repetir el clásico “es la desobediencia, estúpidos”. La frase concreta merece copia y pega: “El nuevo 9-N tiene la inútil potencia que tuvo Arenys de Munt. La inútil validación internacional de las tres Diadas. Y la inútil invencibilidad de la unidad mayoritaria del Parlament. Pero aún tiene más. Tiene el inconmensurable poder de la desobediencia”. De ahí que la prensa anglosajona, añadía, no destacara las debilidades organizativas, sino el hecho insólito que un país persista en dicha desobediencia. “La gramática internacional de la urna”, remataba Baños.

Ciertamente, de desobediencia se trata, de ahí el fuerte simbolismo político que representarán las urnas del día 9. Es cierto que esta jugada de Mas nace del obtuso callejón sin salida al que nos ha conducido la cerrazón del Estado, de manera que tiene más visos de carta a la desesperada que de planificada estrategia. Y, además, por mucho que el resto de partidos de la alianza muestren su enfado por el cambio de tercio, también es verdad que nadie podía plantear una alternativa solvente. La actual coyuntura, con las leyes usadas como cárcel del accionar político, no dejaba respiro más allá de las plebiscitarias. Y para las plebiscitarias aún falta habilidad, consenso y tiempo. Así pues, teníamos pocas opciones, pero la jugada que nacía del desespero ha acabado siendo una jugada de caballo con jaque a rey y reina. Por supuesto, me recordarán los que se ríen de la propuesta, que la cosa se acerca más a la costellada festiva que al ejercicio democrático. Y tendrán razón en lo de festivo, pero cabe recordar también que es precisamente en lo festivo-ciudadano donde el proceso basa su fuerza más notable, a la espera de poder ejercer adecuadamente el voto. En este sentido, que no se engañen los que ahora ríen y desprecian, porque la imagen que Catalunya proyectará el 9-N es la de un país que, ante una pared, busca un martillo y abre grietas, y que su voluntad de votar está por encima de los obstáculos que el Estado le pone una y otra vez. Es decir, será una fiesta ciudadana a favor del voto y de la democracia, y si la foto del país no será válida como resultado, lo será como símbolo internacional. Si añadimos la ingente movilización ciudadana que se producirá a lo ancho y largo del territorio, y la ilusión colectiva que comportará, el 9-N será como un interminable rosario de Diadas. La partida, pues, no sólo no se ha acabado, sino que han jugado blancas con acento catalán, y ahora le toca a las negras superar tan insólito movimiento. Y, por cierto, como siempre ocurre en el ajedrez, no gana el más fuerte, sino el más sutil, imaginativo e inesperado. De momento, tenemos un 9-N que ni será menor, ni fútil. Acabo con Antonio Baños, que lo dice a lo poético: “El 9-N saldremos llorados de casa y volveremos sonrientes”. Cierto.

Autora: Pilar Rahola.

Posted in Catalunya, Independencia de Catalunya, Libre pensamiento, Politica, Sociedad.


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  1. Bitacoras.com linked to this post on 17 octubre 2014

    Información Bitacoras.com

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