Un viaje a Cabo Verde – y 3

La última semana la pasamos en Sal,  la isla más turística  de todas, su capital es Santa Maria, estando concentrada en ella la oferta hotelera, variada y abundante,  se puede  dormir  dentro del pueblo o en las afueras. Estar en las afueras no representa problema pues los taxis son, a cualquier hora del día o de la noche,  numerosos y muy baratos. Además el ambiente de la isla es muy tranquilo.

Sus playas son  amplias, bonitas y  limpias,  si te alejas de los hoteles, puedes  gozar de la soledad,  interrumpida ocasionalmente por algún paseante.

Es  interesante la visita a las antiguas salinas de Pedra de Lume donde podemos  gozar de un baño terapéutico en sus pozas de sal.

Para recorrer  la isla  alquilamos un coche  y  en el pueblo de Palmeira  descubrimos el  “Restaurante Bar Lagosta”, donde fuimos amablemente recibidos por su propietario el Sr. Edgar, un colombiano que se compró un barco, llegó a  estas islas y cambió el barco por este restaurante. La comida y el trato fueron tan excelentes que repetimos al día siguiente para disfrutar con unas langostas que  Edgar encargó para nosotros  directamente a los pescadores.

Es un  viaje relativamente cercano,  muy recomendable si buscas playa y descanso, que permite diseñar la estancia a tú gusto y  que sin provocar la excitación de los viajes al continente africano te da un punto de exotismo que no encuentras  en Europa o en algún otro destino similar  de sol y playa.

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