Jesús Leonardo tiene 57 años, esta casado, tiene dos hijos adolescentes y reside en Wanaque, New Jersey, asegura que su trabajo de stooper le reporta entre 100 y 300 dolares diarios, mas de 45.000 $ al año. Lleva 10 años forrándose en una casa de apuestas legal en el centro de Manhattan y ha cobrado según sus cuentas, casi medio millón de dolares en billetes ganadores de apuestas para carreras de caballos en todo el país.

Los «stooper» o «jorobado» son personas que se pasan la vida en los hipódromos y en las casa de apuestas recogiendo los billetes que otros tiran. La mayoría de billetes no están premiados, pero también los hay que si, y son suficientes como para que merezca la pena.
Los stoopers aparecieron en los hipódromos a principios de los años treinta, cuando se crearon las apuestas mutuas. Existe un código no escrito en las carreras que dice que hay que tolerar a los stoopers siempre que no molesten o persigan a los clientes.
Leonardo se convirtió en stooper por casualidad. En 1999 entro en un local e hizo una apuesta. Vio la carrera, y cuando creyó que había perdido tiró su billete de Pick 3, pero justo cuando salia miró la pantalla y vio que habían pedido una revisión de la carrera para comprobar posibles infracciones de las normas. De repente el resultado cambió y había ganado 900 dolares.

Así lo hizo y aunque no localizó su billete de 900 dolares, encontró otros dos billetes ganadores en la basura, que sumaban en total 2.000 dolares.
Leonardo pensó que era probable que hubiera billetes ganadores en la basura todos los días. Desde entonces ha vuelto casi a diario, esperando pacientemente a que saquen la basura de la casa de apuestas para llevarse los miles de billetes de apuestas. «Al principio mi mujer pensaba que estaba loco, pero luego se dio cuenta de que estaba encontrando mucho dinero en billetes ganadores, a veces 200 dolares al día», asegura Leonardo. «Después de un tiempo ya no pensaba que estaba como una regadera».
Fuente: The New York Times







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Los turistas que han llegado a Salou buscando tranquilidad se han encontrado con la bronca continuada de los borrachos y juerguistas, no quiero ni pensar que por aquellas putadas del destino te alojaras en los hoteles donde están los bárbaros.
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