Wabi-sabi es un termino estético japones que describe objetos o ambientes marcados por la simplicidad y que pueden alcanzar la belleza pese a su imperfección. La naturaleza no es perfecta.
Esta corriente japonesa esta basada en la fugacidad e impermanencia. Nada es permanente porque todo está en proceso, todo en la vida nace y muere.
El wabi-sabi se asocia bien con el arte primitivo, o sea, objetos toscos, simples, sin pretensiones y hechos a partir de materiales naturales.
El wabi-sabi sugiere que la belleza es un acontecimiento dinámico que se produce entre uno mismo y algo más. Es la sensación que nos producen los objetos que envejecen con el uso y que parecen tener alma. Richard R. Powell dice que el wabi-sabi aprecia todo lo que es auténtico reconociendo tres sencillas realidades: nada dura, nada está completado y nada es perfecto.
El Wabi-sabi es una actitud, que mediante la contemplación de las cosas simples e imperfectas, busca alcanzar paz y armonía interior. LLevar una vida wabi-sabi requiere algunos esfuerzos y también algunas decisiones difíciles. El wabi-sabi reconoce que es tan importante saber cuando elegir, como saber cuando «no» elegir: dejar que las cosas ocurran. Incluso en el nivel más austero de existencia material, seguimos viviendo en un mundo de cosas. El wabi-sabi trata sobre el delicado equilibrio entre el placer que nos proporcionan las cosas y el placer que conseguimos al liberarnos de ellas.

La naturaleza es esencial en un ambiente wabi-sabi. Esto quiere decir alfombras de cáñamo, muebles de bambú, cortinas de algodón, siempre materiales naturales y simples.
Wabi-sabi son formas irregulares y asimétricas. Es ir un paso más allá de lo convencional para sentir la belleza de los objetos aparentemente feos.
Las casas wabi.sabi son tranquilas y relajantes, envolventes y uterinas. Son un mundo aparte: ningún lugar, cualquier lugar, todos los lugares.







Huibers empezó a soñar con un arca en 1992. Su mujer Blanca, que es agente de policía, se oponía a la idea. «Me dijo que no, pero yo ya había construido un arca más pequeña, de 70 metros de envergadura, en 2004 para surcar los canales holandeses» explica. Se convirtió en una pequeña sensación, y Huibers cobraba a los adultos siete dólares por embarcarse.
editorial edhasa de ciencia ficción que corría por casa de mis padres y el cual recordaba con cariño y con nostalgia. Procrastinando cualquier otro deber, me lancé a una nueva tarea.
Cuando hace varias décadas los científicos de la NASA buscaban un alimento ideal para las misiones espaciales tripuladas de larga duración, descubrieron una planta andina llamada quinua. Dicha planta presenta un equilibrio excepcional de proteínas y aminoácidos y, según dicen, prácticamente no tiene rival en el reino vegetal o animal por el sustento que aportan sus nutrientes.