Voigtlander Brillant 1932.

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Voigtlander brillant 1932 Esta fue la camarilla que se me escapó el sábado en el mercadillo de las Glorias. Claro que la que iba a comprar estaba realmente trotinada y no lucia tan bonita como la de la foto. En sucesivas visitas había conseguido rebajarle el precio de unos 60 euros originales a unos atractivos 45 euros.

Tenia la piel medio despegada, las letras de la marca casi no se distinguían entre el polvo y la suciedad. Pero la ventanilla se abría bien y parecía que todos los mecanismos funcionaban. Hubiera sido un entretenido proyecto de limpieza y restauración, aunque solo fuese para exhibirla en alguna estantería.

Pero la jugada salió mal. Cuando ya vi en internet que en ebay se vendían por alrededor de 50 euros, ya era demasiado tarde.

Algún avezado aficionado la compró junto con otras dos cámaras vintage en el mismo puesto al precio original de 60 € cada una. Finalmente pago 180 € por las tres y no se detuvo a pensar demasiado el chico listo…

¡¡ Que sepas que me dejaste con la miel en los labios !! ¡¡ Después de toda la mañana pululando en la búsqueda de la ganga, vas tu y arrasas con todo !!

Bueno, esto me enseñará a no dejar pasar ninguna oportunidad. Ante una tentación como esa, hay que sucumbir. Tampoco me iba a arruinar por ello.

Mallorca 2014. Paseo por la city.

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Mallorca siempre es un regalo para los sentidos. Una isla mágica que nos mece solícita entre sus brazos para regalarnos su hospitalidad, gastronomía y encanto. La ciudad de Palma tiene mucho que ofrecer y es una visita obligada su casco antiguo y catedral. En la foto tal vez estuve un poco disperso, entre tanto monumento…

Para el retoque utilizo el Paint Shop Pro para las selecciones y trabajo fino. Luego lo paso por el Perfect Effects para los efectos sutiles y marcos y por ultimo el Snapseed del ipad para ese efecto en la piel, que en blanco y negro es flipante, pero que aquí, os lo dejo en el color que también queda genial.

Mallorca 2014

BcnWalls. Un recorrido por el Street Art de la pasada decada en Barcelona.

Y cito: Para muchos,  entre los años 2000 y 2004 se da lo que se considera la Edad de Oro o Golden Age del Street Art en Barcelona. Artistas de todo el mundo llegaban a la ciudad mediterránea para dejar la firma sobre sus paredes y contribuir al enorme caudal creativo que florecía en muchos barrios convirtiendo lo que antes eran simples muros aburridos en activos lienzos en donde se daban cita desde el escritor de tags al más virulento creador de imágenes, el que se sumaba con su logo o los esténcils lúdicos o contestatarios, stickers, fotos, textos o simples esbozos con rotuladores.

El fenómeno fue tal que poco a poco muchos rincones de la ciudad y gran parte del mobiliario urbano, se fue cubriendo a diario con las múltiples expresiones del arte callejero, lo que promovió que el ayuntamiento de Barcelona en el 2006 implantase una ley cívica para intentar frenar el fenómeno a base de multas y restricciones.

Por otro lado, la ciudad misma, concretamente el casco antiguo o barrios como Poble Nou se hallaban en procesos de reconversión urbanística impulsados esencialmente por la tristemente  famosa “burbuja inmobiliaria” que generó una fuerte especulación, compra y ventas desmesuradas y un sinfín de calamidades tanto para ingenuos propietarios como para desafortunados inquilinos barceloneses. Por tal motivo, no era raro encontrar edificios vetustos y antiguas fabricas que, a la espera de derrumbes o acciones de renovación, propiciaron espacios  en donde el Arte Callejero pudo manifestarse a sus anchas. En esta ciudad en metamorfosis se crearon sitios emblemáticos como el muro que rodeaba la construcción de lo que hoy es la Universidad de Barcelona, en la calle Montalegre,  o la Rambla de Raval, convirtiéndolos en cita obligada para descubrir en sus mutaciones diarias el pulso del fenómeno, o la llegada de un nuevo artista a la ciudad.

Como vecino del barrio del Raval experimenté esta explosión de colores in situ, aprendiendo a disfrutar del ingenio y la expresividad de las diversas voces que cubrían la piel de mi barrio. Y también como tantos otros, comencé a fotografiar parte del material con la que los artistas no sorprendían día a día. En el 2006, invitado por la comisaria Rosa Pera, participé con un montaje audiovisual mostrando parte de este material en la exposición colectiva Terme Raval en La Capella. Ese mismo año surgió la propuesta de una exposición con actividades vinculantes en la recién inaugurada Biblioteca Jaume Fuster, proyecto que no pudo llevarse a cabo debido a las reticencias del Ayuntament con el Arte callejero y, supongo, la manera en que planificábamos plantear la actividad. Y ahí quedó todo. Salvo ocasionales exposiciones en bares de la ciudad, este material, en su casi totalidad analógico, jamás se dio a conocer. Y si bien es cierto que parte de su valor reside en su carácter testimonial, personalmente siempre lo he visto como un personal acercamiento fotográfico al fenómeno del Street Art y no como un simple método de minutario. Una manera de retratar (y rescatar) el arte en el arte callejero.

Por supuesto, Bcnwalls es un proyecto documental de aquellos gloriosos días pero también un sincero homenaje a artistas como Miss Van, Faile, Cyrus, DR Hoffman, Evil toys, Xupet Negre, Savage Girl, Jace, Rodriguez Gerada, Karls Toon, Tofu, Mysterius Al, Limbo, Bunone, D*Face, Saru, Space Invaders, Buff Monster, Kelzo, Boris Hoppek, The London Police, Lolo, Kode, Kenor, El Chico del Rombo, Zombie, Controlzeta, Birdie, Pez, Skum, Etron, Dr Mabuse, Microbio, Elik, Btoy, Neor, Dune, Rica,  Jloca, Sperm, The Ape, Ripo, Megan, y tantos otros que compartieron su creatividad y talento, y sin los cuales estás fotografías no serían posibles.

D. Narváez

Por mi parte, esta mañana en la Rambla del Raval, conocí al autor de Bcn Walls y departiendo de como la fotografía digital lo cambió todo, he comprado un par de fotillos de monos, jeje. He escaneado la que mas me gusta, y aquí os la dejo. Todos los derechos son suyos. Y tiene muchas más que valen mucho la pena.

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Barcelona sky line desde la nueva bocana. Ricoh GR.

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En un dia como el de ayer, con grandes luces que lo inundaban todo, se imponía usar la compensación de la exposición, y cerrar un poco para dar mas profundidad y relieve a las nubes. En este caso, creo que fueron -07. Saque unas cuantas fotos más dignas de mención en una búsqueda incesante del antiguo rompeolas que por fin, ayer dio sus frutos.

Desde la plaza de delante del World Trade Center, la de la escultura de aros y siguiendo una calle indicada hacia el rompeolas o nueva bocana o puente o algo asi, se llega a la nueva terminal de transatlánticos que ayer estaba llena a rebosar. De allí al antiguo rompeolas donde en los 80’s disteis rienda suelta a vuestros instintos es solo un paso. Si tengo tiempo, otro dia os pongo mas.

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Plaça de les olles. Barcelona.

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En un domingo de Abril salimos a la calle con dos cámaras, la Olympus RC y la Ricoh GR. Visitamos la estación del Nord y la de Francia y pudimos ver la luz de un dia espectacular en todo su esplendor. A la vuelta, pasamos por la desconocida para mi, plaza de las ollas, donde descubrimos esta fachada espatarrante. Una locura de colores que te sumergían y te transportaban en una riada sicodélica. Para flipar.

La toma tres es mi nuevo fondo de escritorio. Me relaja en estos tiempos inciertos. La toma uno y dos, con el efecto diapositiva y la tres con el proceso cruzado. Todo gracias al bracketing de efectos de la Ricoh GR (todavía no he salido de esta configuración que me encanta).

Ricoh GR. Macro, si…

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Hoy nos fuimos al Cotolengo del Padre Alegre en el Carmelo. Esta institución, cuenta con nuestras donaciones de ropa, desde tiempo inmemorial, tal vez era una tradición familiar. En cualquier caso, el tema se ha complicado cuando hemos comprobado que una gran valla nos cerraba el camino a la antes amable institución. Una persona con bata blanca, que nos recordaba al personal medico de la siempre apreciada novela del Cuco, nos salió al paso. Con un tono cansino, como dudando si paralizarnos con su hipnotico discurso para engrosar las huestes del Asilo, nos explica que no aceptan ropa en Domingos y festivos. Giramos y huimos. Parecia que hoy no tendríamos la oportunidad de ejercer nuestra caridad.

Ya la cosa apuntaba mal cuando enfilábamos las cuestas de la plaza Sanllehy…, Antes había arboles aquí. Ahora solo queda un muro circular, como si de un pequeño Chernobil tapiado de los ojos de los vecinos se tratara y creciera en medio de la indignación palpable. ¿Tal vez el arquitecto de la plaza Lesseps, se enseñorea con la parte alta de la ciudad y repite fechorías auspiciado por un Trias desbocado? El caso es que nadie sabe que se esta construyendo allí. Tal vez quieran ocultar alguna amenaza inminente, algún GodZilla particular que no quieran enseñar a los mansos turistas que por allí discurren a cientos, subiendo al concurrido parque Güell.

En cualquier caso, y deambulando por el barrio de los socavones de la calle Llobregos, hemos subido a su montaña, cual moiseses de ciudad para contemplar el panorama gris que nos cobija, amigable y canalla como pocas, nuestra querida Barcelona.  Y allí, encontramos sotomonte, vegetación, arboles, arbustos y flores y acordándome de mi cámara decido probar el modo Macro. Mas allá de las vistas del horizonte catalán, contemplo la ginesta en su magnifico esplendor. Mirad y llorad.

Y si quereis ver mas fotos en color y un gran slideshow, no dudéis de darle al más…

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Frases. Henri Cartier-Bresson.

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“Fui a Marsella. Una pequeña renta me permitía costearme los gastos, y trabajé con entusiasmo. Acababa de descubrir la Leica. Se transformó en la extensión de mis ojos y nunca me ha separado de ella desde que la hallé. Merodeaba por las calles todo el día, tenso y preparado para brincar, resuelto a ‘atrapar’ la vida, a preservar la vida en el acto de vivir. Ante todo, ansiaba apresar en los confines de una sola fotografía toda la esencia de alguna situación que estuviera desarrollándose delante de mis ojos.”

                                                                                                                                                                    Henri Cartier-Bresson

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