22
enero
2011

PROFESIONES DE LOS PAPALAGI Y LAS CONFUSIONES QUE DE ELLAS RESULTA

 

Cada Papalagi tiene una profesión. Es difícil decir exactamente lo que esto significa. Es algo para lo que se debe tener un gran apetito, pero parece ser que la mayor parte del tiempo falta. Tener la profesión significa hacer siempre las mismas cosas. Hacerlas tan a menudo que incluso podrías hacerlas con los ojos cerrados y sin esfuerzo alguno. Si mis manos no hicieran nada más que construir cabañas o tejer esteras, entonces mi profesión sería la de constructor de cabañas o tejedor de esteras.

Hay profesiones masculinas y femeninas. Lavar taparrabos en la laguna y abrillantar las pieles de los pies son profesiones femeninas; navegar en un barco por el mar y disparar a los pichones en el bosque son profesiones masculinas. Las mujeres generalmente abandonan sus profesiones cuando se casan, pero es realmente entonces cuando el hombre emprende la suya. Un alii otorga sólo su hija a un pretendiente que esté preparado para su profesión. Es norma que todo hombre blanco tenga su profesión.

Es por ello por lo que cada Papalagi tiene que escoger una profesión para el resto de su vida, al mismo tiempo que se le aplican sus tatuajes de pubertad. Ésta es una ocasión muy importante y una aiga le dedica tanto tiempo como a qué comer el día siguiente. Si por ejemplo escoge la profesión de tejedor de esteras, un alii lleva al chico a un hombre que no hace otra cosa que tejer esteras. Este hombre debe mostrar al muchacho cómo tejer esteras, enseñarle a tejer esa estera del mismo modo que él lo hace, sin mirar. A menudo el aprendizaje toma largo tiempo, pero cuan do lo domina deja al hombre y la gente dice que ya sabe un oficio.

  

El Papalagi tiene tantas profesiones como piedras hay en la laguna. Todo lo que hace lo convierte en una profesión. Cuando alguien recolecta las hojas del árbol, ejerce una profesión. Cuando alguien lava los cuencos de la comida, ejerce una profesión. Todo lo que hacen, con sus manos o con sus cabezas, lo llaman profesión. Es también una profesión el tener pensamiento y el mirar a las estrellas. Realmente no hay nada que un hombre pueda hacer que no sea convertido en profesión por los Papalagi.

Si un hombre dice que él es un tussi-tussil, entonces eso es ya una profesión. No hace nada más que escribir una carta tras otra. Él no cuelga su estera de dormir de las vigas del techo. No va a su choza-cocina para freírse él mismo algunas frutas y no se limpia sus utensilios de comer. Come pescado, pero nunca sale a pescárselo. Come fruta, pero nunca la arranca él mismo del árbol. Sin embargo, escribe una carta tras otra, porque resulta que su trabajo es el de tussi-tussi. Todas estas acciones son profesiones: llevar los utensilios de comer, coger peces y recoger fruta. Y sólo aquellos que ostentan esa profesión están cualificados para ejercerla.

Resulta que los Papalagi pueden únicamente hacer su propio trabajo y ni siquiera el jefe, que posee mucha sabiduría en su cabeza y fuerza en sus brazos, puede subir su envuelve-cama de las vigas ni lavar él mismo los utensilios de comer. Y ocurre también que el hombre que puede escribir una fantástica tussi no es necesariamente capaz de navegar en una canoa, y viceversa. Tener una profesión significa sólo andar, sólo degustar, sólo oler, sólo luchar; siempre conocer una sola cosa.

Ese saber-sólo-una-cosa es un grave peligro y una imitación, porque puede llegar un tiempo en que nadie sea capaz de remar una canoa a través de la laguna.

El Gran Espíritu nos ha dado manos para coger los frutos de los árboles, o para arrancar las raíces de taro de la ciénaga. Las hemos recibido para defender nuestros cuerpos contra nuestros enemigos y para darnos placer cuando tocamos, bailamos o en otros alborozos. Pero no las obtuvimos solamente para desgajar fruta de los árboles o para desenterrar raíces. Ellas deben ser nuestros criados y nuestros soldados todo el tiempo.

 

Pero los Papalagi no lo entienden. Nosotros podemos ver claramente que su modo de vida es equivocado y que está en claro desacuerdo con los deseos del Gran Espíritu, porque hay gente blanca que ya no puede caminar y que acumula grasa en la parte más baja de sus ancas, como los cerdos. Viéndose forzados por su profesión a estar sentados todo el tiempo, no pueden ya levantar ni tirar una lanza, porque sus manos pueden únicamente sostener el hueso-que-escribe y ellos están siempre sentados en la sombra, escribiendo tussi. Han llegado a ser incapaces de domar ponis salvajes, porque siempre están mirando a las estrellas o desentrañando sus propios sentimientos.

Sólo uno pocos Papalagi pueden todavía correr y saltar como niños, después de haber crecido. Cuando caminan arrastran los pies y se mueven como si continuamente estuviesen cargados. Niegan y ocultan su debilidad diciendo que correr, retozar y saltar está por debajo de la dignidad de un hombre con orgullo. Pero esto es hipocresía; como sus huesos se han endurecido y se han vuelto quebradizos, la felicidad ha abandonado sus músculos, porque están condenados a muerte por su trabajo. La profesión también es un aitu que destruye la vida; un aitu que murmura promesas dulces a los oídos de la gente y al mismo tiempo les chupa la sangre de sus cuerpos.

Las profesiones también hieren a los Papalagi en otro sentido y cada vez se distinguen más y más como aitus.

Por ejemplo, es grande construir una cabaña, cortar los árboles y convertirlos en tablones, levantar las maderas, cubrirlas con el tejado y, finalmente, cuando los tablones y las vigas del techo están fuertemente atadas unas a otras con fibras de coco, cubrirlo todo con hojas secas y cañas de azúcar. No tengo que deciros que es una gran alegría cuando un pueblo construye una nueva cabaña para su jefe, compartiendo la alegría también mujeres y niños.

Pero, ¿y si solamente se permitiese a unos pocos de nosotros ir al bosque a talar los árboles y a cortarlos en tablones? ¿Y si a aquéllos pocos se les prohibiera asistir al levantamiento de las maderas, porque su trabajo sólo es derribar árboles y cortar tablones? ¿Y si a la otra gente que ha levantado las maderas no se le permitiera asistir al entramado del techo porque su trabajo es sólo de instalador de maderas? ¿Y si a los hombres que han tejido los tejados no se les permitiera asistir a la colocación de las cañas de azúcar, porque tejedor de esteras es su profesión? ¿Y si a ninguno de ellos se les permitiera recoger de la playa los guijarros usados para el endurecimiento del suelo, porque ese sería el trabajo de aquellos cuya profesión es recolector de guijarros? ¿Y si sólo aquéllos que van a habitar la casa tomaran parte en las festividades de inauguración y todos los que han ayudado a construirla, no?

Os reís y con certeza diréis: si no se nos permitiera ayudar en todas las cosas que requieren nuestra fuerza masculina, la mitad de la diversión se habría ido; media diversión no ¡toda la diversión! Y él, que nos esperaba para usar nuestras manos para un único propósito, nos esperaba para hacer como si todos esos que han ayudado a construirla, no?

Os reís y con certeza diréis: si no se nos permitiera ayudar en todas las cosas que requieren nuestra fuerza masculina, la mitad de la diversión se habría ido; media diversión no, ¡toda la diversión! Y él, que nos esperaba para usar nuestras manos para un único propósito, nos esperaría para hacer como si todos nuestros miembros y nuestros sentidos estuvieran paralizados o muertos.

Ésta es la razón de la amargura de los Papalagi. Algunas veces es estupendo ir a buscar el agua de la ría, puede ser incluso agradable hacerlo un par de veces. Pero si debes transportar el agua de la salida a la puesta del sol, día tras día, cada hora hasta que falla tu fuerza, trayendo y trayendo, al final tirarás tu cubo con ira, amargado por la esclavitud de tu cuerpo. Porque no hay nada tan duro para un hombre como hacer la misma cosa una y otra vez.

Pero hay Papalagi para los que ir a buscar agua de pozo día tras día sería un motivo de alegría; hay unos que no hacen otra cosa que levantar sus manos y dejarlas caer otra vez, o llevar un palo, y tienen que hacer eso en un lugar mugriento donde ni siquiera el sol ni el aire fresco pueden penetrar, y ellos no hacen nada que requiera su fuerza o les reporte felicidad. Considerando la forma de pensar de los Papalagi, levantar tu mano y empuñar bastones es muy importante, porque quizás de ese modo pones la máquina en marcha o le das órdenes; ponla en marcha y así hace aros de yeso y escudos para el pecho, fabrica pantalones-vaina o algo parecido. Hay más gente en Europa con el rostro gris ceniza que árboles hay en nuestras islas. Porque no obtienen ningún placer de su trabajo, porque su trabajo se come toda su alegría y porque nunca hacen nada por su propio gusto, ni siquiera una hoja, no importa cuánto tiempo trabajen. Por eso un odio latente anida en el interior de la gente con profesión. Algo vive reprimido dentro de sus corazones, como un animal encadenado, rebelándose pero todavía incapaz de liberarse. Llenos de odio y envidia miran y comparan los trabajos de los otros entre sí. La gente habla sobre trabajos de clase más baja y más alta, aunque todos los oficios fuerzan a la gente a hacer sólo medio trabajo. Un ser humano no es sólo una mano, un pie, o una pierna, sino que es todo junto… Únicamente cuando todos los sentidos y todos los miembros trabajan juntos, puede el corazón de un hombre ser feliz y estar saludable, y no cuando se permite vivir únicamente a una parte y el resto de él tiene que hacerse el muerto. Esto engendra gente enferma y desesperada.

Los Papalagi viven en confusión con sus profesiones. Ellos no se dan cuenta de eso y en caso de que me oyeran hablar de este modo, seguramente me llamarían loco, porque yo habría juzgado sin haber tenido una profesión o haber trabajado un solo día como trabaja un europeo.

Pero esos Papalagi nunca han sido capaces de explicarnos o hacernos entender por qué debemos hacer más trabajo del que Dios nos pide para satisfacer nuestra hambre y proporcionarnos un tejado sobre nuestras cabezas, y para el disfrute de una fiesta y sus preparativos en la plaza del pueblo. Nuestras ocupaciones pueden parecer diminutas y carentes de las habilidades de un oficio, pero cada hombre de verdad y hermano de la isla hace su trabajo alegremente, y nunca con tristeza. Para eso preferiría no trabajar en absoluto. Esto es lo que nos distingue de los Papalagi. El hombre blanco suspira cuando habla sobre su trabajo, como si estuviera siendo aplastado por su peso; sin embargo nuestros jóvenes caminan a los campos de taro cantando, y con una canción lavan las doncellas los taparrabos en el rápido arroyo. Con certeza el Gran Espíritu no nos desea con cabellos grises como resultado de algún trabajo, ni nos quiere arrastrándonos como una babosa de mar en la laguna, o como un sapo en la tierra. Nos quiere haciendo nuestras cosas orgullosos y erguidos, y que seamos gente de ojos felices y miembros flexibles. Siempre.

 


21
enero
2011

Durante nuestra visita al eje cafetero en Colombia, el jeep Willys fue nuestro medio de transporte. El Willys fue creado durante la II Guerra Mundial. El ejército de los Estados Unidos pidió a los fabricantes de vehículos estadounidenses que construyeran un vehículo pequeño, con tracción a las cuatro ruedas que pudiera servir para diferentes tareas y misiones.

Con su peso ligero y su fuerza, llegaban hasta donde ningún otro podía hacerlo. El Willys contaba con un potente motor de 60 caballos y una carrocería versátil: era fácil de ensamblar y montar en momentos difíciles y sin mucha herramienta, ademas podía adaptarse a diversos usos: para instalar artillería o para transportar heridos, carga o pasajeros.

El WilIys fue una herramienta clave en la victoria de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, al permitir a los soldados recoger heridos y llevar armas y pertrechos a zonas difíciles.

Los primeros Willys llegaron a Colombia justo después de la guerra, hacia 1946, eran vehículos militares que fueron reconstruidos y vendidos a diferentes países de Latinoamerica, se popularizaron a comienzos de los cincuenta, cuando el gobierno de Rojas Pinilla importó 10.000 unidades para incentivar el desarrollo campesino en la zona andina. Allí, en el eje cafetero y las cordilleras nacionales, el Jeep Willys se adaptó como si hubiera sido hecho especialmente para estos terrenos duros y escarpados. Todavía en la actualidad se pueden ver Willys modelo 54 o 56 cargados con trastos, con familias enteras o con kilos y kilos de plátano, arroz, café o materiales de construcción.

Desde aquí un homenaje a los Willys, que después de 70 años de vida dura y guerrera, después de ser reconstruidos y remendados infinidad de veces, continúan rodando por los duros caminos colombianos.


19
enero
2011
Difícil problema en una selección de Personal.

El Director de Recursos Humanos de una gran consultaría efectúa una prueba de selección de futuros trabajadores.

Desde la tarima, propone a los candidatos el siguiente problema:

– A partir del volumen que ocupan ustedes,  la velocidad de un rayo lumínico solar,  la suspensión del polvo desplazado por la tiza y las vibraciones emitidas por mis cuerdas vocales,  calculen la edad que tengo.

Todos los candidatos tiemblan ante el problema, excepto uno que levanta la mano y dice de inmediato:

– Cuarenta y cuatro.

El director se sorprende y pregunta:

– Y usted, ¿cómo lo sabe?

– Porque tengo un hermano que tiene 22, y es medio gilipollas.



17
enero
2011

Citas.

posted in Citas 3.09 PM
Citas.

La seguridad es cuando todo está instituido,

cuando nada puede sucederte;

la seguridad es la negación de la vida.

Germaine Greer ( 1939)


16
enero
2011
Guerra mundial Z. Una historia oral de la guerra zombie.

Max Brooks ha dedicado varios años a recorrer el mundo en busca de todos los testimonios que ahora reúne aquí sobre la guerra mundial zombi. Por insólito que parezca este libro, que algunos tildan de novela demasiado realista, es la parte censurada del informe que le encargó Naciones Unidas para que quedara memoria de «La Crisis», los «Años Oscuros» o la «Plaga Andante», principalmente conocida como Guerra Mundial Z. Al parecer había «demasiado factor humano».

Este libro aclara realmente cómo el doctor Kwang Jingshu descubrió los primeros casos y se destaparon las pruebas ocultadas por el gobierno chino sobre el gran estallido. También cómo surgió y se propagó el controvertido Plan Naranja de supervivencia, fruto de un oscuro cerebro del apartheid sudafricano. Además contiene los testimonios directos de gentes de la posguerra: contrabandistas de Tíbet, oficiales de servicios secretos de medio mundo, militares, científicos, industriales, políticos, ecologistas, supermodelos, gentes de culturas alternativas tras el cataclismo y muchos otros que lucharon para defendernos de la amenaza de los zombis. También de aquellos que no lo hicieron tanto e incluso de aquellos que creen que la lucha continúa.

Por fin, el mundo sabrá la historia verdadera de cómo la humanidad estuvo a punto de extinguirse. Desde el fin oficial de hostilidades se han producido numerosas tentativas para documentar la guerra zombi. Guerra Mundial Z es el relato definitivo –realizado por los propios supervivientes- de los detalles tecnológicos, militares, sociales, económicos y políticos de cómo la civilización estuvo al borde de la extinción en la lucha total contra el muerto viviente.

Muy recomendable. Muy, pero que muy recomendable…


15
enero
2011

Recuerdo con cariño esta gran pelicula realizada por Volker Schlöndorff en 1978 y ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes y del Óscar a la mejor película de habla no inglesa en el año 1979.

Lo cierto es que el film adapta libremente los dos primeros libros de la novela homónima de Gunter Grass que tal vez algun dia comentemos aquí y describe las peripecias de Oskar Matzerath, un niño de mente preclara que toma la resolución de no crecer el día que cumple tres años. Ese mismo día le regalarán un tambor de hojalata al que será fiel durante el resto de su vida y con el que expresará la repulsión que la realidad de su epoca le produce.

Oskar se convierte en testigo del surgimiento de la alemania nazi y ejerce su rabia contra todo y contra todos mientras asiste al desmoronamiento de su mundo y a la desaparición de su familia. 

La pelicula sutilmente nos muestra la sordidez de unos personajes muy reales que se comportan como marionetas de su tiempo. Atrapados en las vidas que les ha tocado sufrir, victimas del destino en el periodo mas oscuro de la historia de Alemania. Protagonistas aterrados que muestran sus pasiones, impregnados de un realismo magico que envuelve toda la trama y que nos retrotae a la mejor novela alemana del siglo XX.

Creo recordar que la vimos en el tristemente desaparecido cine Capsa. Un lugar donde se podía disfrutar de un cierto cine de culto en la epoca de los 80 y donde media Barcelona, disfrutó de un exito sin precedentes cuando se proyectó la gran  «To be or not to be» de Ernst Lubitsch. Eran otros tiempos, donde la utopía todavía estaba viva.

 

“Mi obra era pues, de destrucción. Y lo que no lograba destruir con mi tambor, lo deshacía con mi voz.»

 


13
enero
2011
Extrañas coincidencias entre dos presidentes de EE.UU., asesinados, Abraham Lincoln y John F. Kennedy.


Abraham Lincoln fué elegido al congreso en 1846.
John F. Kennedy fué elegido al congreso en 1946 .

Abraham Lincoln fué elegido Presidente en 1860.
John F. Kennedy fué elegido Presidente en 1960 .

Ambos estuvieron muy interesados en mejorar los derechos civiles.
Las esposas de ambos perdieron hijos cuando todavía estaban en la Casa Blanca.

Ambos Presidentes fueron asesinados en un Viernes.
A ambos presidentes les dispararon en la cabeza.

Aquí es donde se pone un poco misteriosa la cosa

La secretaria de Lincoln era de apellido Kennedy,
y la secretaria de Kennedy era de apellido Lincoln.

Ambos fueron asesinados por sureños,
y ambos fueron reemplazados por sureños con el mismo apellido: Johnson.
Andrew Johnson, quien reemplazó a Lincoln, nació en 1808.
Lyndon Johnson, quien reemplazó a Kennedy, nació en 1908 .

John Wilkes Booth, quien asesinó a Lincoln, nació en 1839.
Lee Harvey Oswald, quien asesinó a Kennedy, nació en 1939 .
Ambos asesinos usaban y se les conocía por sus 3 nombres, algo no muy
practicado en la cultura norteamericana.
La suma de las letras de ambos nombres te dan el mismo número: 15.

Booth y Oswald fueron asesinados antes de ir a juicio.

Ahora es cuando debes agarrarte a tu silla

 

A Kennedy le dispararon adentro de un coche ‘Lincoln’, hecho por la compañía ‘Ford’
A Lincoln le dispararon adentro de un teatro llamado ‘Ford’

Y para terminar de hacerlo más misterioso

Una semana antes que lo mataran, Lincoln estuvo en Monroe, Maryland
y una semana antes que lo mataran, Kennedy estuvo con Marilyn Monroe.

 


11
enero
2011
La estupidez humana.

“Tengo la firme convicción, avalada por años de observación y experimentación, de que los hombres no son iguales, de que algunos son estúpidos y otros no lo son.”

 Carlo Maria Cipolla (1922-2000)

 

El historiador económico Carlo Maria Cipolla escribió en 1988 el libro «Allegro ma non troppo», en este ingenioso ensayo aparecen las «Leyes fundamentales de la estupidez humana «, en ellas afirma que la gente estúpida forma un grupo más poderoso que las grandes organizaciones como la Mafia, el Complejo Militar Industrial, o la Internacional Comunista.

Los estúpidos forman un grupo no organizado, que no se rige por ninguna ley, que no tiene jefe, ni presidente, ni estatuto, pero que consigue, no obstante, estar en perfecta sintonía, como si estuviese guiado por una mano invisible, de tal modo que las actividades de cada uno de sus miembros contribuyen poderosamente a reforzar y ampliar la eficacia de la actividad de todos los demás miembros.

 

Las leyes fundamentales de la estupidez humana


La Primera Ley Fundamental: Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo.

La Segunda Ley Fundamental: La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona.

La Tercera Ley Fundamental (Ley de Oro): Una persona estúpida es una persona que causa daño a otra o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio.

La Cuarta Ley Fundamental: Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error.

La Quinta Ley Fundamental (Macroanálisis): La persona estúpida es el tipo de persona más peligroso que existe. El estúpido es más peligroso que el malvado.