Se cuenta que en una ocasión el presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, salió a cenar con su esposa Michelle y decidieron ir a un restaurante menos lujoso que los habituales, ya que aquella noche querían hacer algo diferente y salir de la rutina.
Estando sentados a la mesa del establecimiento, el propietario se aproximó adonde se encontraban y pidió por favor a los guardaespaldas que le permitieran acercarse para saludar a la esposa del presidente. Y así lo hizo.
Al retirarse el dueño del establecimiento, Obama le preguntó a Michelle:
«¿Cuál ha sido el interés de ese hombre en saludarte?»
Su esposa le respondió:
«En mi adolescencia ese hombre estuvo muy enamorado de mí durante mucho tiempo.»
El presidente le dice:
«¡Ah, eso quiere decir que si tú te hubieras casado con él, hoy serías la dueña de este restaurante!»
Michelle le contestó:
«No, cariño… Si yo me hubiera casado con ese hombre, ¡él sería hoy el presidente de los Estados Unidos de América!»
Wabi-sabi es un termino estético japones que describe objetos o ambientes marcados por la simplicidad y que pueden alcanzar la belleza pese a su imperfección. La naturaleza no es perfecta.
Esta corriente japonesa esta basada en la fugacidad e impermanencia. Nada es permanente porque todo está en proceso, todo en la vida nace y muere.
El wabi-sabi se asocia bien con el arte primitivo, o sea, objetos toscos, simples, sin pretensiones y hechos a partir de materiales naturales.
El wabi-sabi sugiere que la belleza es un acontecimiento dinámico que se produce entre uno mismo y algo más. Es la sensación que nos producen los objetos que envejecen con el uso y que parecen tener alma. Richard R. Powell dice que el wabi-sabi aprecia todo lo que es auténtico reconociendo tres sencillas realidades: nada dura, nada está completado y nada es perfecto.
El Wabi-sabi es una actitud, que mediante la contemplación de las cosas simples e imperfectas, busca alcanzar paz y armonía interior. LLevar una vida wabi-sabi requiere algunos esfuerzos y también algunas decisiones difíciles. El wabi-sabi reconoce que es tan importante saber cuando elegir, como saber cuando «no» elegir: dejar que las cosas ocurran. Incluso en el nivel más austero de existencia material, seguimos viviendo en un mundo de cosas. El wabi-sabi trata sobre el delicado equilibrio entre el placer que nos proporcionan las cosas y el placer que conseguimos al liberarnos de ellas.
Un hogar wabi-sabi comporta sencillez, un espacio acogedor, íntimo donde se aprecia el paso del tiempo y unos objetos fabricados manualmente y gastados. El wabi-sabi necesita la patina de los años, pero no significa deterioro, se han de reparar las cosas que lo necesitan.
La naturaleza es esencial en un ambiente wabi-sabi. Esto quiere decir alfombras de cáñamo, muebles de bambú, cortinas de algodón, siempre materiales naturales y simples.
Wabi-sabi son formas irregulares y asimétricas. Es ir un paso más allá de lo convencional para sentir la belleza de los objetos aparentemente feos.
Las casas wabi.sabi son tranquilas y relajantes, envolventes y uterinas. Son un mundo aparte: ningún lugar, cualquier lugar, todos los lugares.
En Dordrecht (Holanda), el sexagenario Johan Huibers, próspero dueño de una importante empresa constructora, se ha pasado los últimos años construyendo un arca, idéntica en envergadura a la que supuestamente fabricó Noé, aunque si Noé se hubiese encontrado con algunos de los obstáculos modernos que ha afrontado Huibers, a lo mejor el reino animal tendría hoy un aspecto muy distinto.
Las dimensiones del arca son 300 codos de largo, unos 135 metros; 30 codos de alto, alrededor de tres pisos, y 50 codos de ancho, aproximadamente 23 metros. En la Biblia, el codo era la distancia entre la punta de los dedos y el codo.
Huibers está construyendo el arca con pino sueco, ya que algunas versiones de la Biblia describen que Dios ordenó a Noé que utilizara «madera de resina», que según él corresponde a este árbol. La construcción debería terminar hacia mediados de julio.
A diferencia de Noé, Huibers tuvo que cumplir la regulación holandesa contra incendios. Para ello, instaló un ancla que otorga al arca, de 2.694 toneladas métricas, la categoría de edificio en lugar de embarcación. Asimismo, debe pintar el interior y el exterior con tres capas de barniz retardador de incendios.
Luego están los vecinos. «El barco nos estropea las vistas», protesta Gerrit Kruythoff, de 65 años, que ha vivido cuatro décadas junto al astillero en el que Huibers trabaja duramente con la ayuda de dos de sus tres hijos y unos cuantos amigos. Pero no todos ponen objeciones. «Ya he preguntado si puedo participar en el viaje inaugural», comenta Annie van der Luytgaarden, que pasea a su perro cerca del arca.
En cierto sentido, Dordrecht, que se encuentra en la confluencia de tres ríos, es el lugar idóneo para este proyecto. La ciudad ha quedado arrasada varias veces por las inundaciones, entre ellas las devastadoras crecidas de Santa Isabel, en 1421 y, más recientemente, en 1995.
Huibers empezó a soñar con un arca en 1992. Su mujer Blanca, que es agente de policía, se oponía a la idea. «Me dijo que no, pero yo ya había construido un arca más pequeña, de 70 metros de envergadura, en 2004 para surcar los canales holandeses» explica. Se convirtió en una pequeña sensación, y Huibers cobraba a los adultos siete dólares por embarcarse.
Ganó cerca de 3,5 millones de dolares. Pero no era una cuestión de dinero. «Es para contarle a la gente que existe una Biblia», afirma. «Y que, cuando la abres, existe un Dios».
Cuando esté terminada, las ventanas panorámicas de este arca contarán la historia de Noé; animales de carne y hueso darán vida al espectáculo, y dos salas de conferencias albergarán a un total de 1.500 personas.
Huibers cree que el arca puede desempeñar un papel fuera de Dordrecht, y ha enviado una carta a Londres solicitando permiso para llevarla allí durante los Juegos Olímpicos de 2012. Y unos inversores de Texas lo han visitado para animarle a que traslade el arca a Galveston. Huibers incluso negocia con socios de Israel, donde su constructora tiene actividad. «Los israelíes están interesados», asegura. «Pero dicen que no es un arca cristiana, sino judía. Dicen que se la he robado».
Cuando hace varias décadas los científicos de la NASA buscaban un alimento ideal para las misiones espaciales tripuladas de larga duración, descubrieron una planta andina llamada quinua. Dicha planta presenta un equilibrio excepcional de proteínas y aminoácidos y, según dicen, prácticamente no tiene rival en el reino vegetal o animal por el sustento que aportan sus nutrientes.
Pero ahora que los consumidores estadounidenses y europeos han descubierto la cosecha perdida de los incas, la demanda de quinua se está disparando. Este incremento ha contribuido a elevar los ingresos de los agricultores de Bolivia, donde ha sido un alimento básico durante siglos. Sin embargo, se ha producido una contrapartida importante: se ha convertido en un alimento inasequible para los bolivianos.
Aunque los precios de la quinua se han triplicado durante los últimos cinco años, el consumo en Bolivia de este producto de primera necesidad cayó un 34% en ese mismo periodo, según el Ministerio de Agricultura. Esto ha sembrado el miedo a la desnutrición en uno de los países más pobres del hemisferio.
La quinua o quinoa (chenopodium quinoa) esta relacionada con especies como la remolacha y la espinaca. Sus semillas tienen un ligero sabor a nueces y cuando se cocinan son casi translucidas.
El reciente interés de los mercados extranjeros ha alterado la vida en el sur de Bolivia donde se produce buena parte de la quinua del país. Antes de que la quinua alcanzara los precios actuales, la gente iba a Argentina y Chile a trabajar, ahora, el aumento de precios ha animado a estos habitantes de las ciudades a regresar a sus terrenos en el campo durante las temporadas de siembra y cosecha.
No obstante, varios estudios demuestran que la desnutrición infantil crónica ha aumentado en las zonas donde se cultiva la quinua. Actualmente una bolsa de 1 kg de quinua cuesta 4,95 dolares, en comparación con un dolar por bolsa de arroz blanco.
Medellín es la segunda ciudad más poblada de Colombia, con unos 2,8 millones de habitantes, es uno de los principales centros financieros, industriales, comerciales y de servicios de Colombia, y la sede de numerosas empresas nacionales e internacionales.
A comienzos de la década de 1980, el cártel de Medellín, dirigido por Pablo Escobar, convirtió a Medellín en la capital mundial del trafico de cocaína. Los conflictos con armas de fuego eran algo normal, y la tasa de homicidios en la ciudad se disparó situándola entre las más violentas del mundo. El principio del final de la violencia empezó con la muerte de Escobar en 1993, y actualmente Medellín se halla entre las ciudades más seguras de Latinoamérica.
Desde entonces, la ciudad ha cambiado notablemente gracias a proyectos de gran envergadura como la implantación de un sistema de transporte masivo como el Metro y ahora el Metroplús, que están uniendo e integrando a todas las zonas de la ciudad, también ha construido nuevas bibliotecas, parques y centros educativos.
Medellin es una ciudad llena de vida, un hervidero de miles de personas apostadas en las aceras, intentando vender todo lo imaginable a otros miles de personas que circulan a pie, en moto o en coche. El resultado es un gran bullicio de gente siempre animado por la música que se escucha constantemente a todo volumen.
Si el viajero que llega a Medellín tiene algún temor sobre el ambiente de las calles, este pronto desaparece al comprobar que las calles no son solitarias y siniestras, sino alegres y llenas de gente.
Actualmente es la tercera ciudad de Colombia más visitada por los turistas, después de Cartagena y Bogotá.