“Gozer el Gozeriano, Gozer el destructor, Gozer el Viajante vendrá en una de las formas preescogidas. ¡Durante la rectificación del Vuldronaii, El Viajante toma la forma de un gran torb! Luego, en la tercera reconciliación del último suplicante de los Meketrex, escogieron otra forma para él: ¡la de un enorme Sloar!! Muchos shubs y zuuls descubrieron lo que era asarse en fondo del sloar aquel día, y lo aseguro”.
Nuevo museo de las Culturas del Mundo, en la calle Montcada que pasito a pasito alberga una notable colección de bellos espacios dedicados a museos de un interés notable. Al menos a mi me gusta la zona para pasear entre turistas del Picasso y despistados del MEAM que como ya explique, vale mucho la pena. No es la isla de los museos de Berlin, pero no esta mal el sitio.
Ahora abren los palacios Nadal y Marqués de Llió para albergar unos eclécticos ejemplos de culturas del mundo, desde mascaras guineanas a obras del Tíbet, India, pasando por la Polinesia y Japón y algunos remotos lugares mas. Sin duda no es el Metropolitan, pero que mas da, si esta en Barcelona y es gratis hasta el 4 de Abril…
Recomendable pasar un par de horas. Lo fotografié casi todo, aprovechando que nadie molestaba con eso de que no se puede hacer fotos. Todo con la Ricoh GR y modo macro. Casi todo quedo enfocado y me fue mejor que con el MNAC del que no guardo buen recuerdo fotográfico. Recordad, modo macro cuando hagas fotos mas cerca de un metro.
El barrio del Pueblo Nuevo esta por descubrir. Nuevos alicientes como Palo Alto se unen a una oferta ya consolidada. En cualquier caso, siempre es un lujo descubrir nuevos restaurantes, plazas, lugares para pasear o churrerías canallas.
Si el que te roba el bolso o el móvil es solo uno y no sale corriendo podemos actuar como la chica del video, patada paralizante en los huevos y cuando cae acabamos con patada lateral de talón en la cara, el resultado es demoledor y a nuestra criterio queda si continuar con la lección o darla por aprendida. Se demuestra aquí el conocido dicho: “Desde que se inventó la patada en los huevos no hay enemigo pequeño” y también que si los buenos plantan cara a los malos, pueden ganar.
Libro del montañero francés Maurice Herzog que describe la conquista de la primera cumbre de más de ocho mil metros, el Annapurna, el 3 de junio de 1950 y del precio que pagaron por ello, su autor y su compañero de cordada, Louis Lachenal.
Empece a leerlo en papel en una edición antigua con una bastante penosa traducción que no me satisfacía en absoluto. El libro se hace bastante tedioso al principio, en la descripción de los preparativos de la expedición y en el proceso de aproximación y exploración de las cimas más propicias para ser holladas por primera vez, en unos años en que todo estaba por descubrir.
Sin duda, un relato naif que describe con precisión los acontecimientos que llevaron a la conquista de la cumbre y a la posterior historia de terror en una montaña de mas de 8000 m donde el filo entre la vida y la muerte se vuelve muy delgado.
Lo que era una gesta de la mejor generación de montañeros franceses se convirtió en un calvario, cuando Maurice perdió los guantes en el descenso de la cumbre. Y cuando ya hacia rato que debían de haber comenzado la bajada sin perder un tiempo precioso haciendo fotos y colgando banderines, tal vez afectados por la euforia que se vive a esas altitudes, provocada por la falta de oxígeno y por las anfetaminas que en aquella época eran de uso común por los alpinistas.
Tras una noche terrible bajo la ventisca en el campo V, al día siguiente, en el descenso al campo IV se vieron obligados a vivaquear, junto con sus compañeros Tierry y Rebufat, en una grieta al no encontrar las tiendas.
Lo cierto es que la bajada al campo V y el vivac a 7500m provoco severas congelaciones en manos y pies a Maurice y en los pies de Lachenal que se resolvieron en la urgente amputación de los dedos congelados, sin anestesia y en condiciones infrahumanas mientras la expedición pugnaba por rescatar a los heridos y volver a la civilización en las estribaciones de la cordillera del Himalaya.
Sin duda, una expedición que en aquellas circunstancias y con aquel material, se saldara con sólo dos heridos graves y sin ninguna muerte, dice mucho a favor de un equipo humano de una calidad excepcional que realizó con éxito uno de los rescates de altura mas meritorios que se recuerdan.
Tras un parón de la lectura de la edición en papel de algunos meses (fue subsumida en mi biblioteca infernal), cayó en mis manos una edición digital con un lenguaje mucho mas moderno que me permitió llegar hasta el final. Sin duda una gran novela para los aficionados a las historias que se suceden en las fronteras de la zona de la muerte, en las cumbres de los Himalayas.
En los días de Navidad del 2014 tuvimos la oportunidad de visitar una exposición en la plaza de la Catedral y contemplar esta obra de Montse Valdés. No sabiendo nada de la Artista, nos limitamos a presentar un par de fotos de su obra como mudo testimonio de nuestra admiración por su hermoso trabajo.
Siempre me gustó realizar fotos de cuadros y posters. Habréis visto otros ejemplos de ello en mis posts de museos donde busco obtener una digna imagen de obras que me conmueven. Es como obtener un recuerdo perenne y particular de un momento especial. Es sin duda un gran privilegio, el poder atesorar en una imagen, parte de la magia que encierran estas obras.
En el caso que nos ocupa os traigo dos fotos. La primera revelada del fichero raw con el Sylkpix y luego retocada para arreglar la perspectiva y el tamaño. Y la misma foto pero obtenida del filtro de diapositiva de mi Ricoh GR y también modificada en tamaño y perspectiva.
Si seguís el link de la obra de Montse Valdés, observareis que la calidad de las fotos obtenidas con la Ricoh GR no desmerecen a las que están en la web de la artista, que debieron ser obtenidas de forma profesional, con trípode y demás. Al contrario que las mías, que fueron fugaces instantáneas que requirieron un par de segundos de muda exposición.
Recordad que para tirar una buena foto, aplican los mismos principios que para disparar con un rifle de precisión. Respira hondo y vacía tus pulmones, contén la respiración y pulsa suavemente el disparador mientras acompasas el ritmo de tu corazón para disparar entre latido y latido. 😉